martes, 8 de abril de 2014

UNAS PALABRAS SOBRE OPETH Y MUSICA PARA ILUSTRARLAS


Probablemente la cumbre creativa de Opeth se sitúe en el periodo que va desde la publicación de “Blackwater Park” en 2001, primera de sus tres colaboraciones discográficas con Steven Wilson en su faceta de productor, hasta la publicación de “Ghost Reveries” en 2005, ya sin la colaboración de aquél. A lo largo de este periodo los suecos publican cuatro trabajos que suponen su definitiva consagración, mostrando a una banda llena de inspiración, en plena madurez creativa y sonora y que funciona a pleno rendimiento, colocándose, en mi modesta opinión, como la mejor banda en su género. Dicho esto, hay que decir también que en los discos anteriores a esa etapa de consagración la banda ya había mostrado el enorme potencial que el tiempo sólo se encargaría de confirmar. Su debut de 1995, bajo el título de “Orchid”, ya había dejado bastante claro que Opeth eran una banda única dentro la escena del death y black metal del norte de Europa, generando unas expectativas que se confirmarían sobradamente con la publicación de sucesivos trabajos en los que la banda hacía gala de un crecimiento imparable. De todos esos discos, siento especial predilección por “My Arms, Your Hearse”, el tercero de su carrera, publicado en 1998 y en el que creo que se produce el definitivo despegue de la banda a otra dimensión en el mundo del metal extremo, el auténtico salto de calidad que sin duda les catapultaría hacia la cima que después alcanzaron y que no me extrañaría hubiera sido el también disco que, quizá junto con su continuación al año siguiente, “Still Life”, llamó la atención Steven Wilson para unir fuerzas y propiciar todo lo que llegó después. 

Para que podáis apreciar de qué estoy hablando, y como estoy generoso, os dejo con un par de canciones de este fantástico “My Arms, Your Hearse”. Primero la dupla “Madrigal” / “The Amen Corner” (la primera a modo de breve intro instrumental antes de la entrada feroz y adictiva de la segunda) y después la que es su continuación en el disco y probablemente el mejor tema del mismo, la salvaje “Demon Of The Fall”. Sirvan también estas canciones, de paso, para ilustrar el por qué pienso que Mikael Åkerfeldt es el mejor y más versátil vocalista de toda la escena del metal extremo (y eso que lo mejor estaba aun por llegar... y de qué manera). En fin, si no controlas a Opeth y aún estás dispuesto a seguir adelante, prepárate para pasar unos minutos en compañía de una de las mejores bandas, sino la mejor, de la fucking history del metal progresivo.